Juanicó ganó pese a todo

Con un gol de Andrés Quatrini, el rojinegro superó 1-0 a Vida Nueva en la ida de los octavos de final. Fue superior durante los noventa minutos, generó situaciones para una diferencia mayor y volvió a verse perjudicado por decisiones arbitrales que incidieron directamente en el resultado del partido.

Hay domingos que parecen inventados para la Copa.

Empiezan con el frío que obliga a buscar refugio en un mate caliente. Con el humo de las tortas fritas viajando entre la tribuna. Con el pasto pesado por la lluvia y esa sensación de que, cuando el invierno aprieta, el fútbol recupera su esencia.

Así amaneció Juanicó.

Y así se jugó una tarde que dejó una victoria importante, una actuación convincente (de menos a más) y también una sensación imposible de ignorar: el resultado quedó corto para lo que pasó dentro de la cancha.

Desde el comienzo, Juanicó se presentó decidido a marcar el rumbo. Contra un rival muy fuerte, que viene con un gran presente y que se paró firme en el GDP.

Juanicó adelantó sus líneas, manejó la pelota, ganó el medio, recuperó rápido y convirtió cada ataque en chances reales de gol. Vida Nueva hacía su negocio: luchaba, buscaba pero también resistía. A veces gracias a su arquero. Otras, simplemente, porque el fútbol tiene esas tardes en las que el gol parece demorarse más de la cuenta.

Hasta que empezaron las polémicas.

Primero fue un gol invalidado por un foul a LM9 que sólo el juez observó. Antes, sobre el cierre del primer tiempo el línea cortó dos claras jugadas de gol por posiciones adelantadas inexistentes que desconcertaron a jugadores, cuerpo técnico y a todo el GDP. La bronca crecía, pero Juanicó eligió seguir jugando.

Y encontró el premio.

Corrían veinte minutos del segundo tiempo cuando un centro volvió a caer sobre el área visitante. El arquero salió mal, como ya había ocurrido en una acción muy similar (que terminó en el gol injustamente anulado). La pelota quedó viva, sin dueño, apenas un segundo.

Y ese segundo fue suficiente para Andrés Quatrini.

El Flaco la encontró con su pierna inhábil. No era el remate perfecto. Tampoco hacía falta. Hay pelotas que no se le pega con técnica, sino con el corazón. Le dio con el alma y la pelota en la red desató un grito que llevaba demasiado tiempo contenido.

Era el 1-0.

Era justicia.

Lo que vino después confirmó la superioridad rojinegra. Juanicó siguió buscando el segundo, volvió a generar peligro y volvió a encontrarse con decisiones arbitrales difíciles de comprender. Otro gol anulado a LM9. Se ve que no querían que llegue a los 172.

Entre intervenciones del arquero visitante, algunas fallas en la definción y una actuación de la terna que terminó siendo protagonista por los motivos equivocados, el marcador ya no volvió a moverse.

El pitazo final dejó sensaciones encontradas.

La tranquilidad de haber dado el primer paso en una serie muy brava y exigente ante un rival duro. La confianza que transmite un equipo que fue superior. Pero, al mismo tiempo, la certeza de que la diferencia debió ser mayor.

La revancha será en San Jacinto.

Juanicó llegará con una ventaja mínima. Pero también con la convicción de que, si repite el fútbol que mostró en esta tarde de invierno, lluvia, mate y tortas fritas, habrá argumentos suficientes para seguir andado.