Juanicó tuvo paciencia, encontró el gol sobre el final y arrancó la Copa con una victoria merecida

Las tardes de Copa OFI no suelen regalar nada. Ni espacio, ni tiempo, ni partidos sencillos.

Juanicó lo comprobó en su debut, aunque también encontró una certeza importante: cuando una idea está clara, la paciencia también juega.

El rojinegro arrancó su camino en el torneo con victoria 1-0 frente a un durísimo Peñarol de Ombúes de Lavalle, en un Gloria de un Pueblo con lindo marco de público, clima de partido grande y esa mezcla tan reconocible del fútbol del interior: aroma a torta frita en el aire, gurises corriendo por todos lados y gente con demasiadas ganas acumuladas de volver a ver a su equipo en una tarde de Copa.

Y Juanicó quiso hacerse cargo desde el arranque.

No fue un equipo apurado. Ni uno de esos que confunden intensidad con nerviosismo. Fue paciente. Intentó jugar. Quiso abrir la cancha, construir desde Andrés Quatrini y encontrar profundidad con Ivo Allende y Santiago Perazza, otro de esos casos que obligan a mirar dos veces el documento: 18 años, sí, pero con una naturalidad llamativa para jugar este tipo de partidos. Ya tiene mucha Copa OFI encima.

Luis Moreno, mientras tanto, jugó su partido habitual: el del desgaste ajeno. Peleó todas, aguantó, chocó, recibió faltas y se convirtió en una pesadilla permanente para la última línea rival. De esos delanteros que, aun sin el gol, obligan a vivir incómodo.

El problema era que Peñarol no había viajado para mirar.

Equipo duro, ordenado, de esos que entienden perfectamente cómo hacer largos estos partidos. Y por eso el primer tiempo se fue sin goles, aunque con una sensación bastante clara: el partido se jugaba más cerca del arco visitante que del de Juanicó.

También era una tarde de estrenos. Federico Macías debutaba como entrenador principal, esta vez al mando del equipo tras el ciclo compartido con el histórico Pato Peraza, que observó el partido desde la tribuna. También se estrenaba Christian Moreira como su ayudante técnico.

Y cuando el reloj empezaba a ponerle ansiedad a la historia, apareció el detalle que suele separar los empates de las victorias.

Matías Duffard entró desde el banco para darle dinámica y orden al mediocampo. En los papeles, un volante central. En la práctica, otra cosa.

Porque el gol llegó como llegan los goles de los equipos convencidos: bien construido.

Seis toques. De derecha a izquierda. Paciencia para mover. Inteligencia para esperar el momento justo. Centro de Nahuel Delgado -de enorme desgaste- y Duffard (en su estreno rojinegro) apareciendo donde había que aparecer para definir.

Gol.

Desahogo instantáneo.

Porque a esa altura ya no era solo un partido. Era el debut, la expectativa, el regreso, el frío de un otoño intenso, la ansiedad, todo junto.

Juanicó ganó porque fue el que más lo buscó, porque nunca abandonó su idea y porque entendió algo fundamental: en estas Copas, a veces el partido se gana mucho antes del gol.